Curso virtual: Educación, salud integral y habilidades para la vida en la adolescencia

La propuesta es una formación de alcance nacional, disponible en modalidad virtual y autoadministrada que busca fortalecer las capacidades de docentes, educadoras y educadores que trabajan con adolescentes y jóvenes para garantizar derechos vinculados con habilidades para la vida desde la educación y la salud integral.

MODULO 1

Titulo 1
Bueno, no nos conocemos. Y somos muchas personas. Entre quienes cursan hay personas muy jóvenes que deben estar en su primer trabajo y también algunos que miraban Meteoro. Algunas fanáticas de Maradona o de Messi (y también de los dos, ¿por qué no?). Gente team verano, otros team invierno y también quienes prefieren las medias estaciones. Algunas personas trabajarán desde oficinas, otras en territorio e incluso habrá quienes trabajen desde sus casas. Otras cambiarán dependiendo del día.

Lo que seguro nos une es que a todos y todas nos gusta vivir bien (o nos gustaría vivir bien). Trabajamos, nos gusta pasar tiempo con nuestros seres queridos, o tener tiempo de ocio para leer o jugar. Tiempo para descansar. Hacer lo que nos gusta. Ser libres de elegir.

Convivimos en sociedad. Y nos gusta que nos traten bien: en nuestras casas, en el transporte, en el supermercado y en nuestros trabajos.

Pero sabemos que no es así. Que cada vez es más difícil encontrar momentos para hacer una pausa. Y las redes sociales muchas veces nos aíslan bastante y, paradójicamente, nos llevan a la desconexión.

También sabemos que no todas las personas estamos en igualdad de condiciones o incluso que no somos tratadas igual. Y también personas que sufren violencia. Seguramente todos y todas hemos oído hablar de “violencia de género”. Escuchamos el concepto, vimos sobre algún caso en la tele o leímos en un diario digital. Conocemos algún caso. Acompañamos alguna situación. La vivimos en carne propia.

Queremos vivir bien una vida libre y libre de violencias.

De eso se trata este curso: de conocer y aprender para vivir con otros, convivir. Para poder parar, pensar y repensar de qué formas podemos transformarnos, transformar nuestras prácticas para aportar a que todas las personas podamos vivir bien.


Ser libres de vivir como queremos vivir.

Titulo 2

Y vos, ¿a qué jugabas en tu infancia? ¿A qué jugaban las mujeres? ¿A qué jugaban los varones?
¿Por qué crees que se da esa división? ¿Hay algo de “natural” en eso?
¿Te hubieran dicho algo si jugabas a los juegos que “no correspondían” a tu género?

Bueno, parar la pelota y pensar en nuestra infancia nos ayuda a comenzar este camino. Podemos pensar que lo que aprendemos y construimos en nuestra infancia moldea las personas que somos hoy en día. Aquellas cosas que aprendimos y reproducimos.

Todas esas cosas que nos enseñaron a ser como somos están atravesadas por el género.
Las cosas que nos enseñaban en la escuela, los juegos a los que jugábamos, cómo nos vestíamos, los mandatos de nuestros padres, los cuentos que nos contaban, las canciones que cantábamos.

En este punto está bueno preguntarnos: ¿qué de eso corresponde a “lo natural” y qué es socialmente construído?

Que las mujeres usen pelo largo y los varones el pelo corto ¿responde a algo “natural”? ¿Y que los varones no puedan llorar en público?

Todos estos mandatos ligados al género, lo que “debe hacer una mujer” o “debe hacer un hombre” tienen más que ver con cuestiones sociales y culturales que con la naturaleza. De esta forma, las mujeres aprenden a ser “femeninas”, a cuidar, limpiar y cocinar, mientras los hombres aprenden que deben ser “masculinos”, fuertes, no mostrar su sensibilidad ni emociones y en la mayoría de los casos también aprenden a pelear y defenderse físicamente. También aprendemos quién nos debe gustar. A los hombres, las mujeres y a las mujeres, los hombres.

Algunas de las cosas que fuimos mencionando solo responden a marcar diferencias: el largo del pelo solo sirve para reproducir y hacer visibles las diferencias. Pero hay algunos mandatos que tienen una función social más fuerte que deja su huella y estructura nuestras subjetividades. ¿Se te ocurren cuáles de las que nombramos? ¿Se te ocurren otras?

Titulo 3

Como decían en el video, las mujeres crecen con el mandato de ser madres. No únicamente aprenden esto a través del juego con muñecas, sino también las mujeres que vemos en la tele, en las novelas, en la política, en nuestras propias familias.

Estos mandatos que varían según el género terminan moldeándonos y privilegiando formas de vida que generan una sociedad profundamente desigual con algunas personas.

Pero, ¿qué pasa con quienes son diferentes a estas formas «deseadas» quienes se encuentran incómodos con estas formas de ser?
Los mandatos trabajan a través de formas ideales del ser: en general son inalcanzables y pueden generar incomodidad y malestar en las personas.

La incomodidad puede no ser total y absoluta. Hay distintos grados de incomodidad con estos mandatos de género. Pero seguramente en algún momento de tu vida sentiste incomodidad con respecto a alguno de estos mandatos. Te invitamos a hacerte preguntas, quizás incómodas.

¿TE ANIMÁS A DAR VUELTA LAS CARTAS DE ABAJO?

El problema con estos mandatos es que nos hacen sentir incómodos y siempre insuficientes. Muchas veces, nos generan culpa y también odio hacia nuestros cuerpos y nuestras formas de ser. Impiden que vivamos en libertad y que disfrutemos de muchas cosas que nos gustan sólo por el hecho del “deber ser”.

¿De qué lado de la barrita estás?

Este sistema que construye hombres “masculinos” y mujeres “femeninas” a través de modelos ideales del ser y de mandatos es el patriarcado, y se sostiene a partir de jerarquías. ¿Cómo es eso?

Si bien todas las personas transitamos incomodidades respecto a estos mandatos de género patriarcales, hay personas en quienes esto cala más fuerte. Aquellas que se sienten completamente incómodas porque su autopercepción de género no coincide con el género asignado al nacer, es decir, personas trans o no binarias. Esto sucede también con todas aquellas personas que no son heterosexuales, es decir, gays, lesbianas, bisexuales y personas con otras identidades sexuales. Estas personas sienten una profunda incomodidad con estos mandatos y, cuando pueden, los transgreden para vivir vidas más libres y vivibles.

¿Por qué creés que dijimos «cuando pueden»?

Para sostener esta estructura, la sociedad en la que vivimos se resiste muchas veces con violencia. La violencia es una herramienta que nos paraliza y nos reprime. Cuando decimos violencia es fácil imaginarnos a una persona golpeando a otra. Pero la violencia tiene otras formas. Las burlas y humillaciones son una forma muy común de violencia durante la infancia.

¿Alguna vez tapaste algo de tu cuerpo que considerabas “un defecto” y no querías que nadie viera? ¿Cuántas veces dejaste de hacer algo que querías por miedo a las burlas? ¿Hay algún deseo que hayas reprimido por miedo a lo que pudieran decir de vos?

Para las personas trans, no binarias y de las disidencias sexuales, enfrentarse a estos mandatos es un proceso muy complejo. Primero hay que enfrentarse con uno mismo o una misma y aceptarse, a pesar de no responder a los ideales y mandatos que nos fueron enseñando. Y luego hay que enfrentarse todos los días con una sociedad que también creció moldeada por estos mandatos e ideales.

¿Durante tu infancia tuviste modelos o referentes que se salieran de las normas?

Titulo 4

Los mandatos nos incomodan a todos y sabemos que hay personas que sufren de mucha violencia a través de ellos.
¿De qué forma podemos librarnos de esos mandatos? ¿Cómo hacemos para ser más libres?

No hay recetas ni respuestas para esto. Sí invitaciones a hacer una pausa en nuestras vidas, mirar para atrás y reflexionar sobre la forma en la que nos educaron, qué de esas prácticas sostenemos sin sentido. ¿Cuáles de esos mandatos se encuentran vigentes hoy en la sociedad? ¿Y en nuestras vidas? ¿A quién puedo estar afectando?

Hay un poema de John Donne que dice:

“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia”

Desarmar estos mandatos y cambiar este sistema es una tarea compleja, pero por suerte, no estamos en soledad. Transformar la sociedad para que todos y todas seamos más libres es solo posible si lo hacemos de forma comunitaria. Por ahora, pongámoslo en pausa y reflexionemos.

Pensemos: ¿qué puedo hacer yo contra estos mandatos en mi espacio laboral? ¿Y en mi vida?

Nos quedamos pensando por hoy y seguimos reflexionando en conjunto en el próximo módulo. Te invitamos a poner una pausa el curso y también a los mandatos de género en nuestras vidas.

¡Esperá! Antes de irte, queríamos dejarte algunas recomendaciones por si tenés ganas de seguir pesando en estos temas:

– la serie “The morning show”;
– el cuento “Los celosos” de Silvina Ocampo;
– la película “Mujercitas”;
– el trabajo de la organización “Bellamente”.

MODULO 2

Titulo 1
Hola! ¿Cómo estás? Te damos la bienvenida otra vez. Ojalá hayas tenido tiempo para descansar entre la clase anterior y esta. Y también de pensar acerca de lo abordado. ¿Te quedaste pensando? ¿Pudiste identificar algún mandato que siga presente en tu día a día? ¿Pudiste hacer una pausa? Hoy vamos a charlar un poquito más sobre todo esto.

Todas las personas que nos encontramos realizando este curso trabajamos en algún lado. Desde nuestros trabajos, hacemos un aporte a la sociedad, ofrecemos algún producto o servicio, gestionamos problemas, asesoramos para que las cosas sucedan mejor. Aportamos nuestro granito de arena.

Pasamos gran parte de nuestras vidas trabajando y sería bueno que podamos disfrutar de lo que hacemos.

Vamos a ver qué les pasa a las personas que participan de este vídeo:

Y vos, ¿tuviste la posibilidad de elegir de qué trabajar? ¿Te gusta lo que hacés?

Y en tu trabajo, ¿quiénes ocupan los puestos jerárquicos, de jefes, gerentes y otros títulos? ¿Y quién se encarga de hacer el café?

Sobre los cuidados y la limpieza, ¿quiénes se ocupan de limpiar el espacio laboral? ¿Y en tu casa?

Quizás parezca que estas preguntas no tienen nada que ver la una con la otra. Pero prometemos que sí. Nos van a ayudar a reflexionar sobre los espacios en los que trabajamos, como quién se encarga de mantener el espacio limpio, o quienes ocupan roles de liderazgo, que a veces están naturalizados y no miramos con otros ojos.

Al día de hoy, todavía sigue existiendo una diferencia de género entre quienes trabajan en cada área. Podemos encontrar más varones en ámbitos como la economía, las ciencias y la política, mientras que los trabajos ligados al cuidado y la mediación son ocupados principalmente por mujeres, como pueden ser la educación, el trabajo doméstico y la limpieza.

Veamos la composición de la ocupación por género según sector de actividad, de acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2020 (INDEC):

Si bien las cosas están cambiando, esto se encuentra ligado a los roles y los estereotipos de los que hablamos antes. Y aunque hay mayores oportunidades para que las mujeres puedan participar de espacios de trabajo que históricamente ocuparon solo hombres, todavía hay quienes se niegan a que puedan acceder a estos espacios de manera equitativa.

Además de estos ámbitos laborales, son las mujeres quienes se suelen ocupar de las tareas domésticas, cuenten o no con un trabajo remunerado por fuera de sus casas.

Si pensamos en nuestras abuelas, sus vidas seguramente son muy distintas a las que hoy llevan adelante nuestras vecinas, primas, hijas, amigas o conocidas.

En ese entonces las mujeres solían quedarse en sus casas, al cuidado de sus hijos, limpiando y cocinando, sin posibilidades de tener un empleo remunerado por fuera de sus casas.

En el Siglo XXI si bien existe un alto porcentaje de mujeres que siguen trabajando únicamente en sus hogares, muchas también tienen trabajos por fuera. Esto se conoce como «doble jornada laboral».

¿Y qué es eso de la doble jornada laboral? Bueno, en una familia «tipo», es decir, con una madre y un padre, las mujeres que trabajan, vuelven a sus casas y siguen trabajando en las tareas de cuidado.

Titulo 2
Durante el módulo anterior dijimos que los juegos a los que jugábamos en nuestra infancia trazaron caminos y moldearon nuestras formas de ser. Pero también lo hicieron la literatura, la tele, la radio, la música, las publicidades.

¿Te acordás qué película te gustaba en tu infancia? ¿Y qué programa mirabas en la tele durante tu adolescencia o juventud? ¿Qué revistas leías o programas de radio escuchabas?

Es muy común que los programas y películas muestren varones aventureros, fuertes, atléticos. A las mujeres es raro encontrarlas así, las vemos habitualmente protagonizando escenas de amor en tramas donde necesitaban ser salvadas de algún mal.

Seguro Mario Bros. recorrió muchas infancias de quienes están acá. Un hombre con bigote yendo a salvar a la princesa Peaches que fue capturada por Bowser, el rey de los Koopas y archienemigo de Mario.

Estas imágenes de hombres y mujeres que se reproducen en todos lados impacta en la forma en la que vemos el mundo. Si siempre nos dijeron que las mujeres eran débiles y necesitaban protección, ¿por qué pensaríamos de otra forma?

A las imágenes fijas que buscan explicar cómo es y cómo actúa un grupo social, lo llamamos estereotipo. Para explicarlo de otra manera, los estereotipos son prejuicios, imágenes sociales simplificadas, lo que se asume de una persona por como se ve, su nacionalidad, su religión y su género, entre otros. En criollo, es juzgar a un libro por su tapa.

Los estereotipos pueden ser muy dañinos. Desde niños que sufren bullying en la escuela a adolescentes con trastornos en la conducta alimentaria y personas que no logran conseguir empleo. En ciertas culturas y en ciertos momentos históricos, los estereotipos llegaron a lugares muy extremos y en su nombre se realizaron acciones atroces.

Ahora bien, es importante reconocer que todas las personas tenemos prejuicios, pero que podemos hacer algo para cambiarlo. Y si en algún momento fuimos objeto de prejuicios de los otros, ¿de qué prejuicio somos parte? ¿Qué etiqueta nos pusieron?

Analicemos las siguientes frases:
“Es que a las mujeres se las da más fácil cocinar”
“Los varones son más bruscos para relacionarse”

En una primera lectura parece no haber una connotación «negativa». Pero ¿qué hay de cierto en estas afirmaciones? ¿Solo las mujeres son así? ¿Solo los hombres son así? ¿No puede haber mujeres fuertes u hombres sensibles? Quizás estas afirmaciones contribuyen a construir las imágenes fijas de las que hablábamos antes y que se convierten en un mandato donde las personas se sienten obligadas a ser de una determinada forma.

¿Que las mujeres sean “intuitivas, sensibles y pensantes” es algo natural o aprendido?
¿Que los varones sean “fuertes, competitivos e impulsivos” es algo natural o aprendido?

Avancemos un poco más y sigamos pensando en cómo podemos elegir las formas de vivir nuestras vidas más cómodas y libres.

Probablemente hayamos escuchado muchas veces mencionar sexo y género como sinónimos, pero no son lo mismo. Te invitamos a ver el siguiente vídeo para ver qué opinan nuestros protagonistas.

Como dijimos anteriormente, el sexo de las personas es un hecho biológico y cuando hablamos de género nos alejamos de la biología porque estamos hablando de una construcción social.

¡Ojo! Esto no tiene en cuenta nuestra autopercepción. Es decir, la forma en que cada persona se identifica a sí misma en relación al género.

Titulo 3

En el módulo anterior pudimos identificar las incomodidades que se desprenden de los mandatos y lo que se espera de cada persona por su género. Incomodidades que podemos tener todas las personas, y que suelen presentarse en comparación con los modelos de “hombre” y “mujer”, muy alejados de las múltiples y diversas realidades.

Y también dijimos que hay personas que se sienten del todo incómodas con el género asignado al nacer y los mandatos que esto conlleva. Todas las personas tenemos una autopercepción, en la que el género juega una gran parte, y hay personas que se autoperciben de un género distinto al asignado al nacer.

Las personas trans son aquellas que rompen con la idea de que una persona que nace con pene debe ser un varón y sentirse como tal.

Se sienten de una forma distinta a la forma cómo la sociedad les dice que tienen que sentirse a partir de su genitalidad. Los mandatos y los prejuicios hacen que estas personas no puedan expresarse ni vivir en libertad.

Entonces, una persona cuya identidad de género autopercibida es distinta a aquella asignada al nacer, es una persona trans. Por ejemplo, si cuando nació dijeron que era «hombre» pero se siente mujer, estamos hablando de una mujer trans. Si por el contrario, le fue asignado el género «mujer» y se autopercibe varón, es un varón trans. Cuando las personas se autoperciben de un género asignado al nacer, hablamos de personas “cis” o “cisgénero”.

La identidad de género no responde a la orientación sexual de las personas. Es una vivencia interna e individual. Por eso, existen mujeres trans que son lesbianas o varones trans que son gays.

La orientación sexual no se desprende del género de las personas. Las personas pueden sentirse atraídas por personas cis, trans, mujeres, varones, personas no binarias y otras identidades sin importar su género.

¿Qué quiere decir LGBTIQ+?

Son siglas que definen al colectivo de la diversidad sexual: Lesbianas, Gays, Bisexuales, travestis, trans intersex. Las personas intersex son aquellas cuyos cuerpos -cromosomas, órganos reproductivos y/o genitales- no se encuadran anatómicamente dentro de los patrones sexuales que constituyen el sistema binario varón/mujer), queer (personas que no buscan etiquetarse por una identidad de género u orientación sexual) y + para representar a todas las identidades que no estén nombradas en las siglas anteriores.

Celebremos la diversidad y aprendamos a respetar a las personas tal cual son.

Es importante que podamos contemplar las libertades y respetar que cada persona viva según su deseo sin sufrir discriminación. Usar el pelo como quiera, vestirse como desee, amar a la persona que ame.

Todas las personas tenemos derecho a sentirnos cómodas con nuestra identidad, con cómo nos autopercibimos y con nuestra orientación sexual.

Pero cambiar la perspectiva va más allá de que las mujeres puedan usar el pelo corto y jugar con autitos y que los varones puedan llorar en público.

Los vínculos entre sexo – género – orientación sexual que pasan como “naturales” son el fundamento de toda una estructura social, política, cultural y económica que nos afecta a todas las personas y ubica a algunas en un rol de poder respecto de otras. Y produce y reproduce violencia contra las mujeres y LGBTIQ+.

El tema de las violencias por razones de género vamos a abordarlo con más profundidad en el próximo módulo, pero seguro con lo visto en este podemos empezar a pensar por qué las mujeres y las personas del colectivo de la diversidad sexual están en situación de cierta desventaja frente a los hombres cis.

Antes de irte, queríamos recomendarte algunos materiales para que sigas reflexionando sobre este tema:

– la película “Barbie”;
– la novela “Ladrilleros” de Selva Almada;
– el cuento “El marica” de Abelardo Castillo;
– la serie “Sex Education”;
– el trabajo del programa ContratáTrans;
– y este vídeo de trabajadoras del transporte por la igualdad.